viernes, 2 de noviembre de 2018

SOLEDAD


Observaba yo los últimos rayos del amanecer
cuando la intrusa oscuridad asecho mi morada
y susurrándome  al oído me dijo:
Aléjate del mundo
aléjate de la muerte
 y, del dolor de la miseria.

Corre pequeña Niña,
no te dejes alcanzar por la sombra de los recuerdos,
huye de la Torre de marfil que te condena al sufrimiento.
No mires con temor la tormenta que trae el viento.

Lánzate del barco de papel,
déjalo sólo en la profundidad del océano,
recuerda que no pueden navegar el mismo viento
son diferentes el río y el tiempo.


                                                     
                                                     

sábado, 17 de marzo de 2018

Reclutamiento



A lo lejos escucho la marcha.
Sus pasos se van acercando,
la lluvia ha parado.

Las botas empiezan a emitir un continuo croar
que lo produce el contacto con el asfalto
y el liquido posado en mis pies

Esos pasos se vuelven hacia mi,
ya no están próximos;
yo camino con ellos


P Chappate

sábado, 16 de septiembre de 2017

Viajero

A Caspar Friedrich


Caminaba yo por el bosque
cuando la luz  del amanecer empezó a titilar
por entre la corteza de los árboles.

Mirando a los cielos dije:
 ¡Oh Naturaleza! recorres como sombras los pasos del viajero
 y deambulas desafiando la dirección lineal del tiempo
buscando en el andar  la lejanía del universo
Te asemejas a esos ríos que vagan mucho 
 para perderse ya en el olvido

  ¡Ven dorado día, y no te apresures en llegar!
   porque mi mirada vuela mejor y más confía en ti
   en el momento en que empiezas a brillar.


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C. Friedrich. Caminante sobre el mar de nubes
  

domingo, 3 de septiembre de 2017

Primavera



Fue a finales de septiembre que conocí a Anabel, la sobrina de mamá, ella se hospedaría en casa durante la cosecha de flores que se recogía en los primeros días de la primavera.  Cuando vi a Anabel recordé episodios de mi infancia que compartí con su familia, yo era al menos unos diez años mayor que ella. Durante algunos días de trabajo su hermosura atrapo toda mi atención, como olvidar sus grandes ojos negros y su cabello ondulado que bajaba suavemente por su espalda como enredaderas, me enloquecía su figura acompañada de su dulce mirada.

Empecé a sospechar que Anabel se fijaba en mí como yo en ella, así que decidí acercarme con algunas muestras de cariño, claro sin llegar a lo grosero y siempre guardando la conveniente distancia para no levantar sospecha. El jugueteo no duro mucho. Anabel en la picardía de sus años estaba dispuesta a compartir sus encantos con un hombre mayor y sus insinuaciones hacían que mi lujuria creciera. Cumplido los dos meses de su llegada, después del habitual sermón de domingo, nos apartamos de la familia y nos dirigimos a la orilla del rio

En ese lugar iniciaron las caricias tan esperadas, el roce del cuerpo contra la tierra y las palabras entre cortadas que íbamos exclamando con el calor de nuestros besos, todo empezó a subir de intensidad hasta acercarse a la sensación certera del placer. Mientras mis manos  quitando sus últimas prendas, me detuve seducido a observar el rostro que me habían hechizado como tormentas huracanadas. Pero de momento este acto no tuvo la sensación esperada y tuve que haber saltado o algo parecido, porque Anabel se echó a reír. Un tremendo escalofrió recorrió mi cuerpo al ver en  Anabel a mi madre, esto me lleno de horror, y salí corriendo de aquel lugar con el miembro desfallecido entre mis manos.

Trate de dar explicación a lo sucedido, pues  durante los días que compartimos su físico sólo me inspirada pasión, jamás este deseo se convirtió en culpa por el parentesco familiar. Luego de reflexionar tome la decisión de  alejarme de Anabel reprimiendo con dureza la erótica intuición que me seguía causando esta mujer, inicie devotamente la oración de los nueve días a San Sebastián patrón de los mártires y colgué con el mismo fervor la cruz en el cuello, todo con la esperanza ser perdonado por mis malos actos

Esto desafortunadamente, no duro mucho, Anabel se había obsesionado en hablar con migo y buscaba la manera de llamar mi atención. La siembra ha tenido mejores resultados, no es así, Raúl. Si, lo creo. Me aseguraba, sin embargo, que mis palabras no dejaran espacio para la conversación o me alejaba sin respuesta alguna.  

Fue hasta la celebración anual a San francisco, en que Anabel y yo  fuimos seducidos por el embriagante vino que lleno nuestras cabezas con deseos lujuriosos de pasión, en la madrugada nos alejamos hacia la cosecha de flores, la hermosura del su cuerpo hizo pedazos los deseos reprimidos y el éxtasis volvió a florecer como la primavera. Los fervientes bramidos de Anabel resonaban en el silencio del amanecer, el sudor de nuestros cuerpos humedecían los pétalos de girasoles que se extendían a nuestros lado y, entre el ir y venir de caricias, cruce sin reparo su mirada con la mía ¡y de momento volvió la duda y el remordimiento! Anabel empezó a sospechar de mi comportamiento, nuestra aceleración cardíaca fue disminuyendo, de pronto vi como la cruz que colgaba en mi pecho se posada en su frente y esto desató en mi un ataque de ira. Arranque con furia el escapulario y empecé a golpear la cara de Anabel con el impulso inasible de satisfacción, su sangre fue salpicando la cosecha y en ellos se ahogaron los gritos de Anabel. Mi erección había finalizado, con temor repare lo sucedido, eran ya más de las tres y las lágrimas empezaron a brotar de mis ojos. De repente el canto de las alondras cubrió el cielo azulado y en ese momento justo en el amanecer, salí corriendo entre los matorrales como un condenado. 


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lunes, 29 de mayo de 2017




Macbeth en el T.I.CH


“Las hermanas de las manos, correos de mar y campo,
dan así vueltas y vueltas, tres de esté y tres de ése,
y tres de este lado, nueve.
¡Chss…! El hechizo esta presto.
(Shakespeare, Macbeth)


Encontrarnos hoy en día –tiempos de la modernidad-  con una representación de teatro clásico es una verdadera proeza para cualquier amante del teatro. El viernes 19 de mayo asistí por segunda vez, a la sala de teatro T.I.CH de Manizales, conducida por el misterioso deseo que produce una obra como la de Macbeth. Durante 45 minutos el espectador se interna por el mundo de la caballería, atraído por un ambiente de conspiración y muerte que se va tejiendo durante la obra. El canto fatídico de las brujas que anuncian desde el inicio: “Lo hermoso es feo y lo feo es hermoso”. La seductora inteligencia de una mujer que trama la muerte del rey Duncan, “He drogado su ponche de tal modo que la vida y la muerte se los están disputando”.


Todo esto, hace que el espectador se sienta hechizado por una obra donde crece la inquietud y la duda; que al final son la estructura dramática de Macbeth. Por esto, a quienes nos emociona regresar al mundo de castillos y brujas, es una gran oportunidad para disfrutar del buen teatro clásico.





martes, 20 de diciembre de 2016

Diario de batalla de Marco Aurelio.


El siguiente escrito tendrá como propuesta  la construcción del diario de batalla del emperador Marco Aurelio, su principal característica  será la escritura de varios  sueños en los que continuamente  es torturado en manos de los cristianos. Las preocupaciones, en torno a la guerra,  lo conducirán a una crisis nerviosa  que  acabara con su vida.  El diario de batalla  se escribirá justamente en el desarrollo  contra  Marcomanos a orillas del  Danubio,  en este encuentro Roma pierde varias tierras estratégicas de comercio  y posteriormente  se dará  el quiebre  al imperio romano.
Durante cuatro noches se mostrará a un Marco Aurelio agonizante, perdido en la imaginación de sus sueños,  reproduciendo una y otra vez el camino que lo conduce a la muerte y finalmente como símbolo de victoria, el emperador romano, lanzara en la cruz trémulas carcajada a sus verdugos.
  

Diario de batalla.

Cinco de Octubre 175 d. C.
Llevamos semanas  esperando  el refuerzo  del ejército romano, son alrededor de mil doscientos hombres, los que acompañan a mi hijo Cómodoro  hasta el lado sur de Nápoles donde se encuentra el primer campamento de guerra.  Las palabras que expresó al partir asecho mi preocupación 
Padre  para finalizar la guerra, debemos entregar ciudades de Roma a los bárbaros. ¡Acaso, no vez que nos atacan desde todas las direcciones!,  en el oriente los sirios, en el sur los egipcios y los Marcomanos  no paran de tomar zonas del lado occidental. Lo único que salvaría  al imperio es una negociación.
La muralla  seguirá soportando  la entrada de los marcomanos, algunas semanas más.  A hora me sobresaltan otros pensamientos, un enigma continúa siendo para mí este sueño, su sentido está dentro de él y no logro descifrarlo.  Me encontraba en la plaza central del mi pueblo, así soñaba, un anciano señalaba entre la multitud diciendo: miren al último emperador de Roma.
Sus palabras aumentaron mi curiosidad y atraído por la ansiedad de descubrir el gran secreto, me aproxime hacia el hombre  cuyo cuerpo era adornado por una túnica negra que protegía, levemente, el peso de la cruz en su espalda. Me fui acercando, vivaz mente,  por entre la multitud, y de golpe desgarre la túnica.

Entonces un viento rugiente abrió con violencia su boca y arrojó hacia mí, cientos de miles de carcajadas diferentes, y en aquel momento todos se reían de mí.  Un espantoso horror recorrió mis entrañas y  me arroje al suelo, y grité de terror como jamás había gritado.

Pero mi propio grito me despertó, el cuerpo temblaba y el sudor bañaba mi frente. En seguida entró Froton el orador, quien dijo: Te he dicho mi querido Marco Aurelio,  los enemigos no combate sólo con armas,  existen ritos que destruye la buena razón de los hombres. Esa es la carta que dará el triunfo de la  guerra, la perdía de la conciencia del emperador romano.

Al finalizar  sus palabras, permanecí rígido durante toda la madrugada, con una mirada extraña como quien persigue la caza desde lejos esperando el momento justo de lanzarse tras la presa.  

Siete de Octubre
Ha llegado el mensajero con noticias de Cómodo:
Las tropas vienen en camino, pero el ejército está comandado por Catón y Dión, lo que causa gran preocupación, pues los filósofos carecen de mando ante la aglomeración de hombres. Se rumora un motín interno y la disolución de las tropas. Cómodo ha elegido mantenerse en Roma, argumenta que la ciudad se encuentra en crisis y tomará el poder hasta el retorno  de Marco Aurelio.

No es propio de mi carácter mostrar disgusto ni ningún tipo de desenfreno. Pero las palabras del mensajero hicieron hervir mis sienes,  y a gritos saque al mensajero de mi recinto. Luego de varios minutos, continúe  buscando el enigma de mis sueños.  Ayer una serie de imágenes atacaron nuevamente:

Estaba yo pronunciando el discurso de guerra hacia los soldados, alentando sus corazones a luchar por el imperio y reafirmando los valores estoicos de un buen ciudadano romano.  De repente una numerosa congregación de sacerdotes, pasó por nuestro lado, silenciosos cubriendo sus rostros con oscuros mantos. Mi ejército, sí el ejército de Roma, masivamente  fue arrastrando sus rodillas contra el suelo, frente al bulto  de cristo resucitado.  Ellos lo llamaban Dios y ¡mucho heroísmo  había en su adoración!

Más al fin, también yo incliné mis rodillas  y encadene mis palabras a la abstención.  Luego grite ¡Son enemigos malvados!  Pero mi mensaje yació sordo a los oídos de los hombres, el olor a resina cubrió el aire, apenas y dejaba respirar. El ahogamiento prontamente hizo desfallecer mi cuerpo.

Octubre doce
Llame,  a Froton gran orador del imperio romano. Le encomendé la tarea de redactar una carta para Cómodo: “¿Qué pretendes? ¿Seguir viviendo? ¿Percibir las sensaciones, los instintos? ¿Crecer? ¿Cesar de nuevo? ¿Utiliza la palabra? ¿Pensar?  ¿Qué cosa entre esas te parece que vale la pena echar de menos? Y si cada  una de éstas te parece bien despreciable, inclínate finalmente a ser sumiso a la razón y a Dios. Pero se oponen el honrar estas cosas y  enojarse por el hecho de que con la muerte se nos privará  de estas mismas facultades”

¿Conseguiré  la revelación final de mis sueños?  Le he dicho a Froton,  sin reparos este ha salido de mis aposentos con la carta en mano.  Esta noche   voy en búsqueda del final que conduce  este recorrido de imágenes,  seguro estoy  que en ninguna parte, un hombre se retira con mayor tranquilidad que en su propia alma, pero mi dueño interior se encuentra abatido por  fuerzas extrañas. Así soñé:

Ayer  junto a las tropas, en la hora más silenciosa,  aguardando la respuesta del enemigo.  ¡El sueño me falló!  Y comenzaron los sueños.  Mi caballo avanzaba furiosamente  por el solitario bosque,  cabalgaba yo encima de él  y mi corazón apenas  podía discrepar  del ritmo cardíaco del potrillo. ¿Qué ha ocurrido?  ¿Quién me ordena a seguir este camino?  Tal vez aquel misterio llamado Dios, me conduce a la muerte. Un abismo se acerca a mí,  y en medio de la agitación, reflexione fugazmente lo que sucedió, pero acabé por pronunciar lo  dicho al comienzo, Jesucristo resucitado, crucificara al último emperador  de Roma, llamado Marco Aurelio.


Treinta de Octubre
Máximo y Froton, custodia la entrada del mí campamento, llevo varios días  sin acercarme al centro de  batalla,  me aproximo a ellos, y  preguntó: ¿Qué me ha ocurrido, amigos míos? Acaso me veis trastornado ¿conocen el terror que me adormece?, ¡Oíd, el último gran sueño que he soñado, y ayudadme a descifrarlo!

Caminaba por el gran desierto de Massada al oriente de Egipto,  llevaba puesto una túnica blanca que me cubría de pies a cabeza. Yo seguía respirando el olor a resina  sobre el  polvo que levantaba los fuertes vientos,  siete fueron mis caídas antes de llegar al oasis. Allí me despojaron de mis ropas, azotaron mi cuerpo y ataron mis brazos y piernas hacía una cruz de madera. Y todos vosotros seguidores de Marco Aurelio, miraban hacia arriba en búsqueda  mi rostro,  y yo miraba hacia abajo y reía a carcajadas todas las tragedias fingidas del mundo.
Aquí, amigos,  mi último primer sueño.




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Marco Aurelio. 121- 180 d.C.

               
                                










sábado, 22 de octubre de 2016

La caída del ángel

                                         

Sobre una tierra árida 
poblada de negros gusanos
descienden como hojas secas
las plumas de mis alas

Ahora me encuentro sentado 
entre miles de lápidas sin nombre
y en el más completo abandono 
reluce a lo lejos
el candor de una estatua de mármol

Me acercó a la bella dama
que como Venus  coquetea
con la armonía de sus ojos
Y le dijo al oído:
mañana llenaré de besos  la fina
cara de mármol
 besaré la línea de tus labios
hasta llegar a la barbilla de tu delicado hoyuelo
y celebraré la unión con la muerte

Al finalizar la noche bajo
la mirada de la esbelta figura
destroce el mármol
de  la tumba abandonada
y cargué entre mis brazos puñados
de plumas de mi amada



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